martes, 9 de mayo de 2017

XV

Siempre que hemos roto un cristal, hemos llegado con uno nuevo, pero ni de coña encajaba igual. Sí que reflejaba algo, pero solo era luz propia. Ni más ni menos. De la que no es suficiente.

Y sí, había una inocencia a la que aferrarse, pero era limitada y no cabíamos los dos. Nunca fuimos capaces de encajar las piezas. Y lo teníamos todo, estaban ordenadas. Pero nada. Siempre nos caíamos encima del castillo de arena que habíamos creado.

Qué fluidez tenemos para decirnos verdades a medias... para forzar encuentros que no lo parezcan y sustituirnos de mala manera.