"Lo que es un error es vivir. Recién nacidos deberíamos suicidarnos"
Porque para qué el resto. El pesimismo existencial llevado hasta sus últimas consecuencias es eso: pasar del reconocimiento teórico de la validez del suicidio al hecho. Pero ni así.
El resquicio
del reflejo negro
que nos mira siempre.
Que nos empuja,
nos alimenta,
nos escucha,
nos habla
y nos da un placer
tan cálido como incomprensible.
Ese siempre infravalorado sentimiento
de desvanecernos,
de ser por encima del ser
y de no situarnos
en nuestro contexto.
Dejar de existir
en tanto que dejar de proyectar expectativas.
Nada.
Nada al entender lo absurdo.
Nada.
No queda nada,
aún en el consuelo de comprender
que nunca hubo nada
es descorazonador asumir
que ya no hay nada.
Ni expectativas.
Nada.
Pero algo hay.
Pereza,
apatía,
cobardía.
Aferrarse a la vida
tras esta comprensión
es
simplemente
aferrarse a tu propia incapacidad
para ser coherente.
A un paso de la nada,
no hay nada.
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